miércoles, 16 de diciembre de 2009

Juramento Hipocrático

"Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que este mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento.
A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres; él participará de mi mantenimiento y si lo desea participará de mis bienes. Consideraré su descendencia como mis hermanos, enseñándoles este arte sin cobrarles nada, si ellos desean aprenderlo.
Instruiré por precepto, por discurso y en todas las otras formas, a mis hijos, a los hijos del que me enseñó a mí y a los discípulos unidos por juramento y estipulación, de acuerdo con la ley médica, y no a otras personas.
Llevaré adelante ese régimen, el cual de acuerdo con mi poder y discernimiento, será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror.
A nadie daré una droga mortal aun cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no daré a ninguna mujer pesarios abortivos. Pasaré mi vida y ejerceré mi arte en la inocencia y en la pureza.
No cortaré a nadie ni siquiera a los calculosos, dejando el camino a los que trabajan en esa práctica.
A cualesquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción, y de lascivia con las mujeres u hombres libres o esclavos.
Guardaré silencio sobre todo aquello que en mi profesión, o fuera de ella, oiga o vea en la vida de los hombres que no deban ser públicos, manteniendo estas cosas de manera que no se pueda hablar de ellas. Ahora, si cumplo este juramento y no lo quebranto, que los frutos de la vida y el arte sean míos, que sea siempre honrado por todos los hombres y que lo contrario me ocurra si lo quebranto y soy perjuro. "




¡Impresionante! ¡Qué fuerza! Me emociona el saber que todavía hoy hay universidades, como la Complutense de Madrid, dónde los licenciados en medicina, en su ceremonia de graduación, proclaman solemnemente este juramento.
No creo que durante el renacimiento, cuando en la Complutense de Alcalá de Henares se juraba públicamente, ninguno de aquellos licenciados, pertenencientes a una universidad dependiente de la Iglesia Católica de aquella época, se tomara literalmente el texto. Inconcebible en aquella sociedad monoteísta, creer en los dioses de la mitología.

Era una tradición, una especie de ceremonia de iniciación, en la que el nuevo licenciado se comprometía públicamente a actuar siempre en beneficio del paciente y sobre todo, contraía la obligación de no hacer nada que pudiera perjudicar a ningún ser humano.
El carácter de compromiso era entonces tan importante, que aquellos médicos que se apartaran de este código ético, podían ser denunciados ante los otros médicos y ante la comunidad.
Leyendo el texto tranquilamente, comprendemos fácilmente que a lo largo de su historia el ser humano siempre ha tenido las mismas preocupaciones y que el debate sobre la vida y la muerte siempre ha estado presente en la sociedad, no es nada nuevo.
Por otra parte, teniendo en cuenta que se trataba de una tradición, en la que lo importante era el juramento público de respeto a la PERSONA, no entiendo la necesidad de crear un documento alternativo para "adaptarlo" a "los tiempos modernos", cambiando incluso el nombre, de Juramento Hipocrático, a Declaración de Ginebra:

PROMETO SOLEMNEMENTE consagrar mi vida al servicio de la humanidad;
OTORGAR a mis maestros el respeto y la gratitud que merecen;
EJERCER mi profesión a conciencia y dignamente;
VELAR ante todo por la salud de mi paciente;
GUARDAR Y RESPETAR los secretos confiados a mí, incluso después del fallecimiento del paciente;
MANTENER, por todos los medios a mi alcance, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica;
CONSIDERAR como hermanos y hermanas a mis colegas;
NO PERMITIRÉ que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mi paciente;
VELAR con el máximo respeto por la vida humana;
NO EMPLEAR mis conocimientos médicos para contravenir las leyes humanas, incluso bajo amenaza;
HAGO ESTAS PROMESAS solemne y libremente, bajo mi palabra de honor.

Esta declaración, a mi juicio, carece de la fuerza del texto antiguo, y creo que está en la misma línea de los que preconizan sustituir la palabra "paciente" por la de "usuario" o "cliente".

No se qué pensaréis vosotros, pero a mi me gustaría poder seguir siendo atendida por médicos que no tangan inconveniente en proclamar públicamente el Juramento Hipocrático, y prefiero, que me traten como paciente, más que como usuario o cliente.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

"NADIE SERÁ MAS QUE YO"

"...El Rey hizo una ligera indicación y las naves se dispusieron a recorrer la tierra en vuelo rasante.
De este modo, la Princesa Sedeme pudo observar todo lo que estaba ocurriendo en el mundo en ese momento. Bastó muy poco tiempo para que se sintiese como si ya hubiera vivido cientos de años. Comprendió que las emociones eran maravillosas y terribles a la vez. Descubrió los juegos de los niños, la ilusión y el amor de los jóvenes, el coraje y la entrega de los mayores, pero a la vez comprobó que existían la desesperanza, el hambre, la rabia y la soledad..." (Cadena de Amigos. Mercedes Moral)

Este maravilloso y complejo mundo nuestro...
No se si os habréis fijado en la nueva campaña contra la "violencia de género". Me refiero a esos carteles que anuncian:
" De todos los hombres de tu vida, ninguno será más que tú"
¿No creéis que sería más acertado decirlo de otra forma?:
"De todas las personas que hay en el mundo, ninguna es más que "
Si queremos luchar contra la violencia de cualquier tipo (toda la violencia es repugnante), no podemos plantear una confrontación entre hombres y mujeres.
A mi juicio el problema no está en el sexo, sino en las personas. Yo merezco respeto por ser una persona, independientemente de mi sexo. Nadie es más que yo, no porque sea hombre o mujer, rico o pobre, blanco o negro etc, etc... sino porque soy un ser humano, único e irreemplazable. Y esa sensación de ser importante e insustituible, no es sólo para el futuro, tiene que existir siempre, aquí y ahora, en el presente, desde el mismo momento en que aparezco en la tierra por primera vez. Es un derecho universal al que nadie puede renunciar. Recíprocamente, todos los seres humanos, allegados o desconocidos, hombres o mujeres, tienen el deber de respetarme, por mi condición de persona.
Honradamente, creo que si fuésemos capaces de tratarnos siempre con respeto, desaparecerían la mayoría de los grandes problemas del mundo...

sábado, 21 de noviembre de 2009

Friedensreich Hundertwasser







"Reino de la paz Cientos de aguas" Así fue como él quiso llamarse.

De vez en cuando es bueno mirar hacia los grandes y recrearse en la belleza.

HUNDERTWASSER fue un genio maravilloso. Sus pinturas, su obra gráfica o su arquitectura, toda su obra nos invita a soñar.



!Me encanta mirar sus obras!

¿Siempre el mismo cuento?

Sí, la historia se repite una y otra vez. Al final sólo queda lo importante.



http://www.youtube.com/watch?v=UvogcsUW_p8

lunes, 9 de noviembre de 2009

Hacienda no somos todos

¡Ay! Queridos amigos, que ingenuidad la mía. Yo creía que, a grandes rasgos, ante hacienda todos éramos iguales... ¡Qué ilusa! ¿Pero como iba yo a pensar que había gente a la que teniéndole que retener un 42% sólo le retenían un 24? Vamos, que me lo cuentan y no lo creo.
Y esto sigue:
-Resulta que dar patadas a un balón es un gran bien social...
-Que en este maravilloso país nuestro, que tiene los mejores ingenieros del mundo, hay que contratar gestores extranjeros, a los que no se le puede quitar más que un "poquitín", porque si no se marchan...
-Que los investigadores cobran una miseria, y vaya que sí son "hacienda".
-Que el sueldo de los médicos se hace a base de noches, festivos y horarios con más de 50 horas semanales, y vaya que si son "hacienda", estas horas sin dormir, claro...
Y esto es lo poquito que se me ocurre, seguro que vosotros conocéis muchas más casos que añadir a la lista. No seáis tímidos, contad, contad...

viernes, 6 de noviembre de 2009

¿Qué es la cultura?

Para mi ha sido una sorpresa muy grata descubrir el programa de actividades que se van a llevar a cabo en la IX Semana de la Ciencia en Madrid.


Siempre me ha parecido incomprensible la separación, a mi juicio totalmente artificiosa, entre cultura y ciencia.

Con demasiada frecuencia la cultura se relaciona sólo con el teatro, la literatura, el cine y las artes en general, mientras que por el contrario la ciencia y la tecnología se etiqueta como algo árido, aburrido, prácticamente inaccesible y sólo al alcance de unos cuantos genios, de algún que otro friki y por supuesto de esas pobres almas que han tenido la desgracia de adquirir la vocación de investigadores.


Creo que algunas de estas ideas han calado tan profundamente en nuestra sociedad, que el desencuentro entre ciencia y cultura es cada vez mayor y sin darnos cuenta lo estamos transmitiendo a nuestros jóvenes. Por esta razón me parece encomiable el programa de actividades de esta semana de la ciencia, que viene perfectamente sintetizado en el lema elegido: Madrid con la creatividad y la Innovación.


IX Semana de la Ciencia. Del 9 al 22 de noviembre de 2009. http://www.madrimasd.org/semanaciencia/2009/

martes, 3 de noviembre de 2009

¿Me apetece...o, quiero?

Hoy, casualmente, leyendo el Infierno, de la Divina Comedia de Dante, encontré este verso:

"Comprendí que a tal clase de martirio
los lujuriosos eran condenados,
que la razón someten al deseo"


Al darme cuenta de que para Dante la lujuria es el sometimiento de la razón al deseo, recordé que hace muchos muchos años, me enseñaron que la palabra "apetecer" no era propia de personas, sino de aquellos seres que no tienen libertad para elegir y que por tanto son esclavos de sus instintos. El Ser Humano, me decían, está dotado de inteligencia y voluntad y si quiere ser feliz tiene que actuar como un ser racional en todo momento.
La recompensa inmediata, el placer como única meta capaz de justificar cualquier cosa, en aquel entonces era inconcebible. Por eso no utilizábamos la palabra apetecer.

Hoy como homenaje a mis padres y a mi abuelo Julián, quiero recordarme a mi misma que hubo un tiempo en que el verbo apetecer no se conjugaba en primera persona.